Sentado en la mesa del comedor, trababa de mantener su cabeza rígida para así poder llevar la comida hasta su boca. No habían pasado dos minutos, cuando el jugo ya estaba deramado en el piso. Enojado y sin terminar su almuerzo se levantó de la silla del comedor y se fue hacia el patio de la casa. Esta escena, es parte del diario vivir de Juan A. Ortiz, paciente de parkinson. "Cuando tienes parkinson, te encierras en tu casa por miedo a que te confundan con un borracho.”, exaltó Sr. Ortiz. Y es que, uno de los síntomas mas frecuentes de la enfermedad es el no poder caminar derecho y tener caídas.
Hace más de 180 años que la enfermedad de Parkinson fue descrita y aún hoy sigue siendo desconocida para la mayoría de la sociedad. Por eso, recibir el primer diagnóstico puede provocar situaciones de angustia en el afectado y en su familia. Multitud de preguntas pueden venir a la cabeza del paciente: ¿Pero esta enfermedad no es de gente mayor?, ¿Qué me pasara a partir de ahora?, ¿Podré trabajar?, ¿Es hereditaria?, ¿Tiene curación? El parkinson, es un proceso crónico y progresivo, provocado por la degeneración de unas células que se encuentran en la zona del cerebro llamada “sustancia negra” y que producen la dopamina. La falta de esta sustancia, que actúa en la transmisión nerviosa, es la responsable de los síntomas de la enfermedad. Su causa es desconocida, pero pueden estar implicados factores genéticos, ambientales y de envejecimiento cerebral. La edad media de
comienzo está entre los 55 años, aunque existen formas en las que aparecen los síntomas en edades más tempranas, como algunos casos especiales que se han visto en jóvenes adultos. Afecta por igual a hombres y mujeres y no existen diferencias en su presentación según la raza.
Su comienzo suele ser lento e intrigante, y aunque los síntomas empiezan afectando a un solo lado del cuerpo, pueden terminar afectando a los dos. Los tres síntomas más importantes son: el temblor en las manos, pies o mandíbula, principalmente en reposo, enlentecimiento y dificultad para realizar los movimientos automáticos y rigidez de la extremidad afectada que se observa al moverse. También pueden alterarse los reflejos para mantener la postura, afectando a la estabilidad y el equilibrio. Con el paso de los años y dependiendo de cómo evolucione la enfermedad, pueden aparecer otros síntomas: depresión, ansiedad, ataques de pánico, deterioro cognitivo, trastornos del sueño, del habla y la deglución, estreñimiento, trastornos urinarios y sexuales, mareos con los cambios de postura, cansancio, alteraciones de la temperatura corporal, del olfato o de la sudoración, dolor, seborrea e inflamación de los párpados. El diagnóstico es solo clínico, a partir de los síntomas del paciente, por lo que al comienzo, puede ser difícil de detectar si los síntomas no son muy evidentes. En ocasiones, el médico observa en repetidas ocasiones al paciente durante un periodo de tiempo, antes de diagnosticarlo definitivamente e indicar un tratamiento. No existe en la actualidad ningún análisis ni prueba específicos de la enfermedad. Los análisis genéticos se realizan sólo en las formas familiares. Lo que sí es importante es la evaluación clínica del estado mental del paciente, de su conducta y estado de ánimo, de la limitación para las actividades de la vida diaria, de la función motora y las complicaciones del tratamiento, que se realiza a través de preguntas ya preparadas. De esta forma, el médico puede conocer mejor la afectación del paciente y, valorando las mejoras que aportan los distintos tratamientos, seleccionar el más adecuado para cada uno. Es una enfermedad progresiva, pero con el tratamiento y otras medidas de apoyo, se tratará de aliviar los síntomas del paciente.
El tratamiento debe de adaptarse a cada paciente, a su edad, sus síntomas, y a la aparición de efectos secundarios a la medicación. La Levodopa es el fármaco más efectivo porque reemplaza a la dopamina que falta en el cerebro. De ésta forma, se pueden controlar los principales síntomas, pero no se detiene la enfermedad. La respuesta a este medicamento es rápida y persistente. El tratamiento quirúrgico puede ser necesario cuando se han agotado las alternativas de tratamiento farmacológico. Por el momento, no existe ninguna dieta, suplemento vitamínico, ejercicio físico o elemento del estilo de vida que pueda prevenir el desarrollo de esta enfermedad o frenar su evolución si ya se padeciera. “El tratamiento médico y quirúrgico de la enfermedad de Parkinson ha experimentado cambios sustanciales en la última década. Además, los estudios médicos y científicos ya existentes ponen en relieve la posibilidad de realizar numerosos avances en los años venideros.”, afirmó Dr. Alexis Duprey, M.D. y neurólogo. Hoy en día, el trasplante de células adrenales autólogas y de células fetales, todavía son técnicas poco realizadas y de escasos resultados. Otras alternativas se encuentran en fase de experimentación, como la infusión cerebral directa de “células gliales productoras de factor neurotrófico” o la infusión duodenal de levodopa. El ejercicio físico, aunque no ayuda a detener la enfermedad, contribuye a conservar la capacidad funcional de las articulaciones.
Es importante mantener un buen estado nutricional y tomar una dieta equilibrada, rica en fibra, y una adecuada hidratación, sin necesidad de restringir las proteínas salvo en casos excepcionales en que el médico lo aconseje. Los grupos de apoyo son importantes, tanto para las familias, como para los pacientes. En Puerto Rico, existe un grupo de apoyo llamado Asociación Puertorriqueña de Parkinson, Inc., que brinda servicios al paciente y apoyo y orientación a los familiares. También se dedican a llevar charlas gratuitas a escuelas, universidades, centros comerciales, medios de comunicación, entre otros. El paciente en fase inicial de la enfermedad debe relacionarse más específicamente con otras personas en su misma situación clínica o en el mismo grado de evolución, con el objetivo de evitar una afectación de su estado anímico.
Según la encuesta llamada Educación sobre el Parkinson en Puerto Rico, que realicé por medio del sitio electrónico en el internet llamado zoomerang, pude confirmar que muchas personas en nuestra sociedad solo conocen que la enfermedad proviene del sistema nervioso. Pero muchos no están educados en cuanto al tema, ya que hay mucha falta de conocimiento acerca de los síntomas, y que también piensan que si existe una cura, cuando en realidad no la existe aún. Temas de salud como este, deben ser de curiosidad y educación para sociedades como Puerto Rico, donde el promedio de pacientes con parkinson se encuentra entre un 20 a 25 por ciento de la sociedad afectada.