En silla de ruedas y con parálisis permanente en sus piernas, Luis Orlando Cruz descubrió en aquel entonces que tenía talentos y cosas grandes por realizar. Apenas tenía 18 años de edad cuando sufrió un accidente automovilístico que lo llevo a una paraplejia por daños entre las costillas T12 y L1. Ahora con según él con 52 años de edad, vive una vida satisfecha y llena de felicidad, ya que propósitos y metas por cumplir, además de las que ya ha realizado.
“Muchas personas no valorizan lo que tienen.”, exaltó Cruz, al recordar que el tampoco había valorizado su vida antes de tener el accidente. Es ahora, cuando piensa en lo importante que es la vida y lo valiosa de ella. Se graduó con honores en el campo de las Relaciones Obreras Patronales de la Universidad de Puerto Rico, y fue entonces cuando consiguió su primer trabajo como profesional en un Centro de Quimioterapia por la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (AMSCA). Lo primero que pensó fue que trabajaría con pacientes de cáncer como trabajador social de ellos, pero cuando llego a su primer día de trabajo se encontró con jóvenes usuarios de heroína, los cuales estaban bajo el tratamiento de la metadona. Fue entonces cuando Cruz, descubrió que su trabajo en lo secular fuera de lo profesional, seria alentar a los jóvenes utilizando su propio testimonio como punto de referencia para orientar al futuro del mañana.
Cruz, comenzó a leer libros junto a su esposa, de cómo tratar a los jóvenes y de cómo escucharlos sin presionarlos o juzgarlos. Se dedicó a rescatar jóvenes de las drogas y comenzó a tratar a los deambulantes como seres humanos, buscándoles refugios y dándoles conferencias de cómo “echar pa’ lante”. En sus conferencias y predicaciones siempre cuenta la anécdota de que él quería ser independiente por completo, pero a pesar de que lograba ponerse toda su ropa nunca había logrado ponerse las medias, ya que llegaba hasta los dedos del pie pero no podía pasarla por debajo del pie. Hasta que después de varias veces de haberlo tratado lo logro, y según el ese fue uno de los días más felices de su vida. “Así que, sigue tratando y no te rindas”, aseguró Cruz entre risas y emoción.
A pesar de que ya ha tenido dos matrimonios, el primer divorcio lo cambio por completo, ya que en medio de tristeza sus amigos lo invitaron a jugar en un equipo de baloncesto para personas en sillas de ruedas. Acepto rápidamente ya que antes del accidente el pertenecía al equipo de baloncesto de la escuela superior. Fue entonces cuando escribió el escrito “Los Sueños No Mueren”, porque estando en el equipo fueron a competir a los Panamericanos de aquel entonces, y no tan solo fue como jugador sino que también como el Presidente de la Federación de Puerto Rico.
Luego conoció a su actual esposa, por medio de la iglesia a la que asistía, se casan y deciden construir una iglesia cerca de una comunidad para que los jóvenes adictos y deambulantes pudiesen asistir a ella, comenzó a pastorear la iglesia mientras trabajaba y daba clases en el sindicato. Es cuando entonces se enferma de osteomielitis crónica y tuvo que renunciar a todo. Pasó el tiempo y se recupero, entonces se fue a trabajar a un hogar de drogadictos por tres años consecutivos, pero volvió a recaer por su enfermedad y entonces se retiro por completo del mundo laboral. Debido a su enfermedad, es que actualmente se dedica a co-pastorear una iglesia y ser el Pastor de los Jóvenes en la Iglesia Bethlehem en Guaynabo. Por lo cual continúa dando de sus servicios y conferencias desde un aspecto más familiar y cotidiano en la iglesia.

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